Tenía muy abandonado este blog y hoy lo he reencontrado.
Muchos viajes, muchos líos, poco tiempo para escribir lo que el poco tiempo que me queda libre dedico a vivir intensamente lo que la vida me ofrece sin preocuparme más que el instante y que con quien lo comparta desee sinceramente lo mismo. A nadie engaño y si hay quien se empeña en engañarse lo siento, es su problema.
Así me ocurrió anoche.
Había que entregar esta mañana un trabajo y terminamos más allá de las once, sin cenar.
- Estoy sola, ¿quieres que piquemos algo?- Ok, ¿una cerveza?- Si me llevas luego a casa perfectoLo normal, dos cervecitas y unos pinchos. Mucho jijijí, repaso a
l@s colegas, a los jefes, en lo profesional, en lo personal, bla bla bla.
En poco más de una hora habíamos terminado y la acerqué a su casa. Un coqueto chalet de mediados de los sesenta, en una calle pija a Madrid. En la puerta, todavía dentro del coche, seguimos charlando.
- ¿Porque no vamos dentro y tomamos la última?- Jajajaja, claro, y luego me llevas a casa, ...- JajajajajaEntramos. Apenas recordaba la casa de una fiesta de cumpleaños hacía bastantes meses.
- En la nevera hay hielo y bebida, y en el salón vasos y alcohol. Yo quiero un Londonforever (imaginé que era un London Gin con Fever Tree) ... tu lo que te apetezca, yo me voy a poner algo más cómodo que el uniforme (el uniforme era el clásico traje pantalón sastre y la clásica blusita blanca andrógina, con los clásicos zapatitos de salón, y el clásico pelo recogido en un moño a esas horas un poco destartalado).
Me gustaba la casa. Unos cuantos sofás confortables en el salón, alfombras orientales con dibujos geométricos, cuadros mezclando estilos y calidades (algunos de ellos seguramente muy caros), libros, bastantes libros, luces indirectas creando un ambiente cálido, que invitaba a integrarse y sentirse cómodo. La cocina luminosa, en tonos blanco, con un amplio ventanal a un jardín a esa hora a oscuras y con flores frescas de mil colores. No me fué difícil encontrar las cosas, y me apunté al Londonforever mientras escuchaba el grifo de lo que suponía era una ducha.
- guauu me he quedado nueva
Aluciné. Apareció con el pelo aún mojado, una toalla sobre la cabeza envuelta en un albornoz crema parcialmente cerrado dejando ver una pierna bastante larga y muy muy blanca.
- Si, nueva y muy apetecible. La dije mirándola con ojos lascivos y alargándola el vaso. Agarró el vaso y yo sin soltarlo la comencé a acercar a mí, no puso resistencia, ninguna. En un instante nuestras bocas se buscaron y se encontraron, nos enganchamos en un beso intenso, apasionado, húmedo, salvaje. Sus manos me apretaban, noté en mi espalda la humedad del Londonforever rebosando el vaso.
Un torbellino de manos nos desnudaron y allí en un instante sentí en mi espalda el tacto de seda de la alfombra, en mi polla su coño estrecho ensartándose y mirada clavada en sus tetas de gata moviendose mientras me cabalgaba y con una mano castigaba su punto mágico y con la otra volteaba mi corbata mientras gritaba
- heyyyyyyyyyyy heyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy Probablemente el polvo más salvaje que recuerde. Su corrida fue precedida de un estremecimiento de todo su cuerpo y de una sucesión de gritos animales mientras su coño se cerraba contra mi rabo y manaba una leche densa y traslúcida.
Sin soltarme, se tumbó sobre mi, exhausta, gimiendo levemente al tiempo que pequeños temblores la recorrían. La saqué de mí sin que protestase. Sumisa.
La puse en cuatro patas sin resistencia.
Metí mi cabeza entre sus muslos y bebí de su esencia de hembra, delicia de gourmet, lamí desde su fuente a su culo lubricandolo, tomé un hielo y lo introduje en su coño, tomé mi polla dura como nunca la había visto y la ensarté persiguiendo el frío y notando el contraste ... Un grito de placer salió de su boca mientras empezaba a moverse ... Tomó mi polla sacándola y metiéndola en su culo, la sacó de nuevo y la metío en el coño ... Seguí su juego, metesaca culo coño ... frío calor ... No dejaba de rezumar ...
- Correte en mi.
Susurró saliendo de mi y volviéndose pedía con su boca su premio.
No tardé mucho y lamió cada gota de mi leche tan espesa, tan dulce. Bebió un trago del Londonforever y me besó, compartiendo el cocktail y pegando nuestras bocas.
Entre besos y caricias, abrazada a mi se quedó dormida sobre la alfombra de seda. En un rato se separó de mi.
Me vestí y me marché no sin darla antes un beso que tuvo una imperceptible respuesta...
- Ummm, graciasHe llegado pronto y sonriente al despacho. Envié el trabajo sin esperarla. La veo ahora, frente a mi, rodeados de doce personas, escuchando a un pesado en una reunión que parece interminable.
Vibra mi blackberry. Un PIN.
- Ummmm huelo todavía a ti ... y me gusta